Cologne

El nombre del producto, tan anunciado en estas fechas, está relacionado con la ciudad del mismo nombre donde se estableció el fabricante J. M. Farina a comienzos del siglo XVIII, cuando el Rin era un río aún lleno de vida. Unos ciento veinte años después del establecimiento del creador del agua de colonia en tal lugar, Samuel Taylor Coleridge escribía este poema dedicado a los aromas del mismo río, corría 1828 y nuestros ríos comenzaban a sufrir:

In Köhln, a town of monks and bones,
And pavements fang’d with murderous stones
And rags, and hags, and hideous wenches ;
I counted two and seventy stenches,
All well defined, and several stinks !
Ye Nymphs that reign o’er sewers and sinks,
The river Rhine, it is well known,
Doth wash your city of Cologne ;
But tell me, Nymphs, what power divine
Shall henceforth wash the river Rhine ?

Si lo preferís en castellano:

En Colonia, ciudad de monjes y huesos
y calles pavimentadas con adoquines salientes y asesinos,
y harapos y brujas y espantosas sirvientas,
conté setenta y dos tufos
bien diferenciados, además de varios hedores.
¡Ninfas que reináis sobre alcantarillas y fregaderas!,
es bien sabido que el río Rin
lava vuestra ciudad de Colonia.
Pero, decidme, ninfas, ¿qué poder divino
lavará al río Rin aguas abajo?

Olas gigantes

Llevado por la reciente noticia de las olas gigantes que causaron dos muertos en un crucero en la costa gerundense, cuyo testimonio gráfico-amateur impresiona, y recordando las olas gigantes que se rompen bramando… trato de buscar algo de información sobre algunas de estas ondas, no siempre producidas por movimientos sísmicos o grandes tormentas.

Consideradas en tiempos pasados fruto de la calenturienta imaginación de algunos o las exageraciones de otros, hoy se sabe por diferentes estudios, como los del proyecto MaxWave liderado por el instituto alemán GKSS, realizado a través de imágenes de rádares situados en satélites de la Agencia Espacial Europea, que existen “olas gigantes y se pueden encontrar con una mayor frecuencia de lo que se esperaba hasta ahora”.
Las causas no están aún del todo explicadas aunque pueden estar relacionadas, como se explica en el anterior enlace, con la interacción con las corrientes marinas y la absorción de la energía de olas colindantes. También podemos encontrar en esa página que no solo es importante el tamaño absoluto sino también su “inesperabilidadad”, o sea que se produzcan olas de mayor tamaño en una situación de olas menores. Leedlo y también tendréis noticia sobre las más altas habidas en las costas españolas y algunas dramáticas situaciones.

En otro estudio, sobre el que podéis tener noticia en este enlace, podemos leer que “la combinación entre bancos de arena y corrientes marinas puede hacer que las olas cambien de dirección y varíen su velocidad, concentrando toda su energía en un único punto que los científicos han denominado «zona focal de la ola». .. Cuando una ola pasa sobre, por ejemplo, un banco arenoso, focaliza toda su energía hacia un punto contreto.” También en este último enlace conoceréis la mayor ola registrada con instrumentos científicos.

Entrada relacionada: Tsunamis

El primer soplo del otoño

Se fue en silencio José Antonio Muñoz Rojas, ya nos lo contó hace unos días Matías. Buen momento para recordar Las cosas del campo, escrito allá por los años cuarenta describiendo “un ciclo campesino completo”. Nuestro pequeño homenaje con su descripción de los primeros soplos del otoño que a nosotros se nos han retrasado un poco este año:

Todavía en agosto, a pesar de la chicharra y de que apenas hay algún braván en los rastrojos, de que siguen las tórtolas y de que aún no han comenzado a acordonarse las golondrinas en los alambres. A pesar de todo, algo indefinible en el tacto del aire, algo en su olor, como un primer soplo del otoño.
Se abren las granadas, y en la frondosidad de los melonares, entre el fruto monstruoso, alguna tardía flor amarilla y diminuta. La mazorca grana, la aceituna engorda. La gente del campo no teme más que al solano. En cuanto la sierra cubre su cresta con un filillo algodonoso, tiemblan. Porque al doblar el día, todo manazas y calentones, hurtando donde puede, el solano de agosto.
A los días se les nota el cansancio. En las últimas eras hay que dormir arropados, porque las noches, al alargarse, se enfrían. Va siendo la hora del braván, de que los membrillos colmen el aire con su aroma y de que caiga el primer fruto de los nogales.
Pronto —el corazón lo anticipa todo— el otoño irá sacando sus tintas suaves y volverá a ser grato pasear por los senderos, entre tierras olientes a recién abiertas y mojadas.

Cambalache (s. XXI)

Compuesto hace más de 70 años, Cambalache ("siglo XX cambalache enigmático y febril") no es un tango corriente, tampoco lo escribió un autor corriente, fue nada más y nada menos que Enrique Santos Discépolo. Por qué no escucharlo y dejar volar la imaginación pensando en personajes y personajillos, no es un mal ejercicio.

Que el mundo fue y será una porquería
ya lo sé…
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé…
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos…

¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!…
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!…

¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignón",
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín…
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un bandoneón…

¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!…
El que no llora no mama
y el que no roba es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Es lo mismo el que trabaja
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley…

Primavera amarilla

¡Abril galán venía, todo

lleno de flores amarillas…

amarillo el arroyo,

amarilla la senda, la colina,

el cementerio de los niños,

el huerto aquel donde el amor vivía!

El sol ungía el mundo de amarillo

con sus luces caídas;

¡Oh por lirios áureos,

el agua clara tibia!

¡Las amarillas mariposas

sobre las rosas amarillas!

Juan Ramón Jiménez (1881-1958)

Ruiseñor

Más quiere el ruiseñor su pobre nido

de pluma y leves pajas, más sus quejas

en el bosque repuesto y escondido,

que agradar lisonjero las orejas

de algún principe insigne, aprisionado

en el metal de las doradas rejas 

 

Andrés Fernández de Aranda (1575-1648) De "Epístola moral a Fabio" 

LA TRISTEZA DEL CAMPO

Tristeza dulce del campo.

La tarde viene cayendo.

De las primeras segadas

llega un suave olor a heno.  

Los pinares se han dormido.

Sobre la colina, el cielo

es tiernamente violeta.

Canta un ruiseñor despierto.

Vengo detrás de una copla

que habla por el sendero,

copla de llanto, aromada

con el olor de este tiempo;

copla que iba llorando

no sé qué cariño muerto,

de otras tardes de septiembre

que olieron también a heno.

JUAN RAMÃ?N JIMÃ?NEZ